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El divorcio y los hijos

La separación o divorcio, aún en los casos de acuerdo y buena relación entre los ex-conyuges, siempre supone una pérdida y uno de los acontecimientos vitales más estresantes. La evolución de la propia vida resulta bastante impredecible e incontrolable, y por lo tanto provoca estrés. Cuando hay hijos por en medio aún se agrava más la situación, dado que hay asignadas unas fechas de visitas, unas responsabilidades compartidas, unos niños que crecen y evolucionan y ello lógicamente inquieta.

¿Qué representa el divorcio para los hijos?

Los niños, como sabemos, apoyan su seguridad y autoestima en la rutina diaria. Ellos necesitan estar seguros de que saben qué ocurrirá mañana cuando se levanten, a quien verán, que cosas están bien, etc. Como es natural, cuando los papás se divorcian esta rutina se rompe, pero dentro de lo posible, los papás han de procurar una nueva rutina. Es importante hablar con el niño y explicarle la situación de la forma más adecuada a su edad, es decir, no pasarse en explicaciones cuando es un niño muy pequeño porque conseguiríamos confundirle. A esta edad captan mejor el tono y la tranquilidad con la que se les habla que las propias palabras.

Los niños que ya tienen 9 o más años precisan más explicación y que se les responda a sus preguntas. Tanto a los pequeños como a los mayores es importante decirles que los dos papás les quieren mucho y que siempre les querrán, que ya verán como todo irá bien.    

Otro aspecto a tener en cuenta, es que los niños a veces se creen culpables por el divorcio. Piensan a veces que sus padres se divorcian porque ellos se han portado mal y les han hecho discutir. Se les ha de aclarar muy bien para que se queden tranquilos.

Uno de los aspectos más importantes es que la pareja, a pesar de que hayan decidido separarse, tengan buena relación y entendimiento para decidir los diferentes aspectos con relación a decisiones que se han de tomar respecto a los hijos. Hay parejas que han decidido separarse, nunca se han comunicado bien y hacen una terapia de pareja que les orienta para encontrar una mejor manera de comunicarse y pactar en beneficio de los hijos.

Duelo

El duelo por muerte de la pareja, acostumbra a ser un proceso por el que se ha de pasar y, necesariamente requiere tiempo de adaptación a la nueva situación. No es necesario acudir al psicólogo, a menos que se trate de un duelo complicado. Solamente sería en los casos en que la persona superviviente no se acaba de adaptar a su nueva vida y se encuentra anclada en el pasado, llorando la pérdida o cayendo en una depresión.

La presentación de duelo que realizamos en este apartado corresponde al modelo clásico. Queremos aclarar que utilizamos el modelo integrador humanista constructivista en el que el afrontamiento del proceso de duelo, tanto por muerte como por divorcio, en algunos aspectos cambia, ya que la situación es distinta. Si desea información sobre Divorcio o pérdida de trabajo utilice el link.

Muerte de la pareja o viudedad

Según investigaciones de Colmes y Rahe (1967) la pérdida por muerte de la pareja está situada en primer lugar de los acontecimientos vitales estresantes y se relaciona con el desarrollo de la enfermedad física. Es, por lo tanto importante prestarle la atención adecuada para evitar en lo posible los riesgos. 

Duelos complicados

La evolución abajo citada es un proceso natural, pero en duelos complicados será necesario buscar ayuda psicológica profesional, como por ejemplo si este duelo no permite el desarrollo normal de la vida cotidiana, si se tienen intensos sentimientos de culpa, depresión prolongada, abuso de medicamentos, etc.

Proceso por muerte de la pareja

–>Negación –>Asimilación –>Acomodación

Colmes y Rahe (1967)

Negación

La primera reacción es de negación “no puede ser verdad… no puede haber tenido un accidente, seguramente se trata de un error”… etc. Existen muchas dificultades para asimilar completamente la noticia, y esta obstáculo resulta incrementado cuando la pérdida es súbita e inesperada.

En esta fase, se pueden dar respuestas airadas o enfados contra los que se cree son responsables (médicos, personal sanitario, etc) o hacia aquellos que se creen “más afortunados”.

Esta negación de la realidad es como si se mirara a otro lado, hasta que la realidad se va imponiendo y empezamos a acostumbrarnos y entender las implicaciones emocionales que tiene esta pérdida. 

Asimilación 

Después de la conmoción, y después de exteriorizar la negación y la ira se comienza a experimentar la soledad y la tristeza en toda su intensidad. Se suelen realizar menos actividades y distanciarse del mundo social, para poder realizar la “elaboración del duelo” y poder adaptarse a la pérdida. 

Es necesario dar el tiempo necesario a esta asimilación, que tiene una duración que depende de varios factores (ver Factores que intervienen en la duración de este proceso).

Acomodación

La angustia y tensión comienzan a ceder, dándose una aceptación resignada de la realidad. Poco a poco se va recuperando un poco el control emocional, y comienza la plantearse la cuestión de ¿qué va a ser de mi vida ahora?

Ésta es la fase más larga, y como sucede en las otras fases, se dan dos pasos adelante y un paso atrás. 

Factores que intervienen en la duración de este proceso

Todas las rupturas precisan pasar por el proceso antes citado. Y éste tiene una duración que oscila entre los 6 meses y los 2 años, aproximadamente, dependiendo de varios factores:

De la personalidad. El rasgo de personalidad (tendencia a comportarse de una manera particular a lo largo de una serie de situaciones) influye enormemente. 
o Sensibilidad. En el aspecto emocional hay personas que sienten las cosas, tanto las alegrías como las tristezas de forma muy profunda, mientras que otras tienen vivencias más superficiales. 

En el aspecto cognitivo, hay personalidades que, como habitualmente se dice “se comen el coco”, es decir, entran en una espiral de pensamientos catastróficos que les inmovilizan y no pueden ver con claridad, mientras que otros con más conocimiento de sí mismos y del proceso por el que están pasando saben darse tiempo.

Recursos propios. El nivel alto de autoestima o confianza en sí mismo ayudará a no tener pensamientos autodestructivos ni de acontecimientos catastróficos.
o Forma de afrontar los problemas. Tienen ventaja las personas que saben hacer una evaluación de la situación, y posteriormente una valoración de los recursos propios para hacer frente y controlar la situación. Buscan, por ejemplo, apoyo emocional, etc. 

Grado o importancia de la relación. La implicación, el grado de intimidad, la fase en la que se encuentra (sobre todo si la relación se ha ido enfriando), el grado de pérdida que se siente puede oscilar mucho.
· Apoyo social. Es indudable que una persona que cuenta con amigos o familiares que le quieren y le entienden, con los que puede expresar sus sentimientos más profundos, y con los que se siente apoyado y comprendido, constituye un elemento decisivo para amortiguar el dolor. 

En algunas ocasiones pueden darse duelos complicados, en tal caso recomendamos acudir a un profesional en busca de ayuda. Es una lástima pasar tiempo estancados en un proceso, cuando con ayuda podemos asimilar la pérdida y reconstruir nuestra vida.  

Duelo infantil

Cómo explicar a los niños la muerte de un familiar

Hay bastante costumbre de apartar a los niños cuando se produce la fallecimiento de un familiar. La explicación es “es demasiado pequeño…  para que no sufra… que no nos vea llorar… etc.”

Lo que en realidad ocurre es que el niño deja de ver, por ejemplo al abuelito, en muchas ocasiones se le dice que “se ha ido al cielo”, percibe tristeza en los papás y no entiende porque se ha tenido que ir el abuelito. Lo mejor es mostrar la situación tal como es. Siguiendo el ejemplo anterior se le explica que el abuelito ha muerto, que los papás se despiden de él y lloran porque también ellos lo echarán de menos y que siempre lo recordarán con cariño. Se habrán de responder sus preguntas, siempre al nivel de la edad del niño.

En los casos de muertes repentinas y traumáticas para los adultos, es recomendable seguir el mismo procedimiento, pero en este caso como los adultos están a su vez traumatizados, los familiares más cercanos al niño han de ser los que ayuden al superviviente a transmitir la información antes citada.

No es de extrañar que el niño reaccione como si no le importara y puede parecer insensible, pero no es así. En realidad se trata de una de las mismas fases por las que pasan los adultos: la negación. Los adultos se han de comportar con él con el máximo respeto y darle el tiempo necesario para asimilar la nueva situación.



Miedos en la infancia

El miedo en los niños

Cuando la ansiedad se produce por estímulos específicos, se habla propiamente de miedo. La mayoría de los niños experimentan muchos temores leves, transitorios y asociados a una determinada edad que se superan espontáneamente en el curso del desarrollo.

El miedo constituye un primitivo sistema de alarma que ayuda al niño a evitar situaciones potencialmente peligrosas.

El miedo a la separación es la primera línea de defensa; si se rompe ésta, entonces entran en acción los miedos a los animales y a los daños físicos. Desde esta perspectiva, los miedos son respuestas instintivas y universales, sin aprendizaje previo, que tienen por objetivo proteger a los niños de diferentes peligros. Los miedos innatos, es decir, que se presentan desde el nacimiento, se pueden agrupar en cinco categorías generales:

Miedo a los estímulos intensos. 

Miedo a los estímulos desconocidos, como por ejemplo, el temor a los extraños. 

Miedo a la ausencia de estímulos, como por ejemplo, la oscuridad. 

Miedo a estímulos que han sido potencialmente peligrosos para la especie humana en el transcurso del tiempo, como la separación, las alturas, las serpientes u otros animales salvajes. 

Miedo a las interacciones sociales con desconocidos.

Miedos evolutivos más frecuentes

Descripción de fases del miedo en desarrollo infantil

El niño de 0 a 1 año suele responder con llanto a los estímulos intensos y desconocidos, así como cuando cree encontrarse desamparado.  

En los niños de 2 a 4 años aparece el temor a los animales.  

En los niños de 4 a 6 años surge el temor a la oscuridad, a las catástrofes y a los seres imaginarios (como brujas y fantasmas) así como el contagio emocional del miedo experimentado por otras personas y la preocupación por la desaprobación social.  

Entre los 6 y los 9 años pueden aparecer temores al daño físico o al ridículo por la ausencia de habilidades escolares y deportivas.  

Los niños de 9 a 12 años pueden experimentar miedo a la posibilidad de catástrofes, incendios, accidentes; temor a contraer enfermedades graves; y miedos más significativos emocionalmente, como el temor a conflictos graves entre los padres, al mal rendimiento escolar, o, en ambientes de violencia familiar, el miedo a palizas o broncas.  

Entre los adolescentes de 12 a 18 años tienden a surgir temores más relacionados con la autoestima personal (capacidad intelectual, aspecto físico, temor al fracaso, etc.) y con las relaciones interpersonales.  

Los miedos infantiles expuestos son muy frecuentes y pueden afectar hasta al 40-45% de los niños. Son, por ello, normales, aparecen sin razones aparentes, están sujetos a un ciclo evolutivo y desaparecen con el transcurso del tiempo, a excepción del miedo a los extraños que puede subsistir en la vida adulta en forma de timidez. 

La ansiedad y el miedo

A menudo se usan de forma indiscriminada estos dos constructos, pero veremos sus diferencias.

La ansiedad usualmente empieza con un peligro no muy bien definido, mientras que el miedo usualmente empieza cuando hay una situación que esta muy bien definida.

Funcionalmente dependen de dos clases de estímulos: 

Los externos (lo que ocurre en su entorno)

Los internos (lo que siente el niño)

En la ansiedad, lo que ocurre en su entorno influye en menor grado que en el miedo, en el que teme a algo en concreto. Y el sistema de respuesta predominante en la ansiedad es el pensamiento, mientras que en el miedo es el motor.

La ansiedad y el miedo nos causan muchos síntomas mentales incómodos, como el sentirse indefenso, la confusión, la aprehensión, la preocupación y los pensamientos negativos repetitivos. El miedo y la ansiedad también pueden causar síntomas desde simples tensiones musculares hasta un corazón latiendo fuertemente. Los síntomas posibles están anotados en la descripción de ataques de pánico. 

¿Porqué se producen los trastornos de ansiedad en los niños?

Hay niños muy vulnerables a las situaciones de estrés, tanto en su aspecto biológico, como psicológico, así como situaciones estresantes.  

Se han propuesto varias hipótesis referentes a la ansiedad de separación como muy influyentes.

 (Bragado, 1993)

Influencias importantes:

Los déficits de aprendizaje

Las experiencias traumáticas de separación

El reforzamiento de las conductas de dependencia por parte de los padres.

En suma, la vulnerabilidad biológica, la vulnerabilidad psicológica y los acontecimientos estresantes traumáticos hacen más probables, sobre todo cuando actúan juntos, la aparición de la ansiedad de separación.

La mayor parte de las actuales aproximaciones psicológicas consideran que los miedos y sobre todo las fobias, son adquiridas o aprendidas por el individuo que las presenta como consecuencia de su experiencia particular. Esto no significa que desde un punto de vista psicológico se niegue la existencia de reacciones “innatas” de miedo, que se producen ante determinados estímulos casi desde el nacimiento.

Los déficits de aprendizaje

Las experiencias traumáticas de separación

El reforzamiento de las conductas de dependencia por parte de los padres.

En suma, la vulnerabilidad biológica, la vulnerabilidad psicológica y los acontecimientos estresantes traumáticos hacen más probables, sobre todo cuando actúan juntos, la aparición de la ansiedad de separación.

La mayor parte de las actuales aproximaciones psicológicas consideran que los miedos y sobre todo las fobias, son adquiridas o aprendidas por el individuo que las presenta como consecuencia de su experiencia particular. Esto no significa que desde un punto de vista psicológico se niegue la existencia de reacciones “innatas” de miedo, que se producen ante determinados estímulos casi desde el nacimiento.

Situaciones que provocan ansiedad en la infancia

Estas situaciones son muy variadas. A continuación les ofrecemos una relación de factores que pueden generar o precipitar la ansiedad. 

Experiencias traumáticas específicas. “Estrés traumático”.

 Los límites entre ansiedad normal y patológica no siempre están claros. Las dificultades para establecer dichos límites se multiplican en el caso de la ansiedad porque en ella intervienen factores que dificultan la diferenciación.

La muerte de amigos o parientes.

Las dificultades escolares.

Ataques o experiencias sexuales.

Los problemas intrafamiliares.

Las situaciones de miedo.

Las preocupaciones y situaciones de peligro imaginario.

Los accidentes.

La menstruación.

Cómo se manifiesta la ansiedad crónica

La podemos observar si frecuentemente vemos inquietud o conducta temerosa, con dificultades de tipo relacional o social y menos veces con manifestación orgánica. Son menos aparatosos los síntomas en las formas de ansiedad aguda, con predominio de sentimientos de culpa o de preocupación excesiva, o acompañando ideas obsesivas. La ansiedad crónica tiene un importante valor en psicopatología del niño por su propio significado y por el fuerte poder dinamizador que posee, posibilitando reacciones a medio y largo plazo con consecuencias imprevisibles, siendo un factor de riesgo si permanece de manera continuada durante años, creando además una vulnerabilidad psíquica que se mantendrá en la vida adulta.

El rasgo es un modo de conducta, distintivo de una persona, de naturaleza más o menos permanente. Es una característica de la personalidad del sujeto, como por ejemplo la timidez. Ese rasgo no tiene porque ser patológico a no ser que origine sufrimiento o dificultades en su vida y en su equilibrio psíquico. La ansiedad estado en el niño hace pensar en lo patológico, en trastornos por ansiedad identificables.

Uno de los peligros es que la ansiedad crónica se involucra con la personalidad conforme el niño crece. El comportamiento  emocional y social del niño refleja sentimientos de inferioridad, hipersensibilidad, vulnerabilidad emocional, exageración en las respuestas emocionales, timidez, aislamiento social, vinculaciones afectivas inadecuadas, autoconciencia de su situación, llantos, desequilibrios emocionales, rigidez emocional, aplicación de la “ley del todo o nada”, carácter “complaciente” y falsamente adaptado, etc. 

Conducta a seguir en los trastornos por ansiedad

En el caso de sospechar que se trata de un estado de ansiedad, recomendamos hacer una evaluación psicológica para comprobar que se trata realmente de un estado de ansiedad. Que la psicóloga/o pueda evaluar los criterios diagnósticos y efectuar el diagnóstico diferencial con la depresión infantil, evaluar las afectaciones del estado de ánimo y la capacidad para disfrutar.

En casos leves, pueden estar muy relacionados con la ansiedad de la madre, u otros problemas familiares que el niño no interpreta bien. Vale la pena intentar recibir medidas ambientales tipo consejo para solucionarlo a tiempo.

Psicóloga Apolonia Manchón y Elisa Urbano

Inteligencia emocional en niños

La formación de capacidades emocionales y sociales en los niños algunos la denominan como una revolución en la psicología infantil. Daniel Coleman, en su libro «Inteligencia emocional» Best-seller mundial, hizo que nos diéramos cuenta de la importancia de las emociones y de las relaciones que tenemos en nuestra vida

Daniel Coleman Psicólogo, periodista y escritor.

En su libro nos hace ver que estamos demasiado volcados a «medir» la inteligencia: el Coeficiente intelectual (CI) en cada uno de los tipos de inteligencia (matemática, creatividad, etc. etc.) y prestamos menos atención al conocimiento de nuestras propias emociones y las emociones de los demás. De esto trata la Inteligencia emocional.

En su libro nos hace ver que estamos demasiado volcados a «medir» la inteligencia: el Coeficiente intelectual (CI) en cada uno de los tipos de inteligencia (matemática, creatividad, etc. etc.) y prestamos menos atención al conocimiento de nuestras propias emociones y las emociones de los demás. De esto trata la Inteligencia emocional.

Si los niños aprenden a darse cuenta de que están enfadados, tristes o alegres por algo, y son conscientes de ello, ya han aprendido algo muy importante.

Todas las emociones básicas son buenas, y también los niños reaccionan de una forma física ante ellas. Estas reacciones están producidas por elementos bioquímicos del cerebro,  por ejemplo el miedo nos ayuda a protegernos del daño y nos avisa del peligro, la ira nos ayuda a superar barreras y conseguir lo que queremos, etc. Pero en la vida nos enfrentamos a desafíos emocionales que la naturaleza no ha anticipado, y eso crea conflicto. 

 Las capacidades emocionales y sociales las podemos enseñar a los niños para que sean capaces de manejar el estrés emocional de los tiempos actuales, con esta vida agitada y apresurada  que ha vuelto a los niños propensos a la irritabilidad y la ira. Nosotros podemos enseñarles a reconocer y controlar esos sentimientos.

 En los aspectos sociales también podemos enseñarles a hacer y a conservar amistades íntimas, a superar nuevas situaciones que le angustian como el divorcio de los padres, muerte de familiares, cambios de colegio, barrio y amigos, etc., así como superar los problemas propios del crecimiento. 

Desarrollo del Coeficiente Emocional

Qué cosas hemos de enseñar a nuestros hijos y cómo hacerlo.

 La enseñanza se ha de realizar en el momento adecuado, adaptado a la edad del niño. No tiene sentido querer razonar con un niño de 4 años que tiene una rabieta. Primero hemos de considerar la edad que tiene el niño, pero sobre todo, su estado evolutivo. Es decir, por poner un ejemplo: no conseguimos adelantar su aprendizaje enseñándole algo, o dándole por ejemplo un juguete si aún no ha superado una etapa evolutiva anterior, solamente se aburrirá. Y por el contrario, un niño con unos juguetes que ya tiene dominados tampoco se siente estimulado en su investigación, también se aburre.

La autoestima y el respeto

Para tener una buena autoestima, los niños necesitan del apoyo emocional de sus padres. No solamente se trata de un elogio por una buena calificación en la escuela, es necesaria una participación activa, dedicarles un tiempo. Elogiarles y apoyarles en las conductas adecuadas diarias, pero no de forma gratuita como una adulación, sino que hay que reconocer su esfuerzo que llega a buen fin de forma concreta. Por ejemplo, no se debe decir: “que listo eres, eres el mejor” porque suena a adulación y el niño lo percibe, sino que hay que decirle de forma concreta: “Maria, que bien has ordenado los juguetes”. 

También apoyarles cuando fracasan de forma sincera, demostrando interés por lo que está haciendo, pero sin intentar controlarlo ni entrometerse, ya que para que desarrolle una buena autoestima el niño necesita sentirse respetado. Es bueno observarlo y dejarle que se equivoque, que rectifique porque es así como se aprende. 

Las normas

Contrariamente a lo que se pueda creer, las normas, así como las exigencias y metas claras son algo necesario para los niños. Necesitan saber a qué atenerse, que sus padres les marquen unos límites claros de lo que está bien y lo que está mal, y que dentro de esos límites ellos pueden decidir y responsabilizarse de sus decisiones, dependiendo de su edad. 

Los niños se revelan contra las normas por muchos motivos, pero el motivo principal es llegar al conocimiento de cual es el límite.

Si nosotros, sus educadores, tenemos claro qué cosas y qué comportamientos son perjudiciales para el niño y cuales le beneficiarán les podremos decir de forma autorizada: “No, cariño, esto no lo vas a hacer” cuando se comporten más allá de los límites socialmente aceptados. No siempre hay que razonar con los niños, ni en todo momento.

Por ejemplo si está en plena rabieta lo que más ayuda al niño es ver seguridad y afecto en los mayores, no un razonamiento. 

Estas normas han de ser firmes y coherentes, pensadas previamente, y han de ser por el bien del niño. Y, aunque cueste a los padres un esfuerzo, se ha de ser firme cada vez que ponen a prueba los límites.

La TV, los moviles, los ordenadores, etc.

Muchos padres han “descubierto” una niñera muy económica: la TV,

Ante la TV los niños se acostumbran a observar de forma pasiva, no desarrollan sus capacidades sociales, “no hacen nada” creativo durante el tiempo pasivo que pasan ante el aparato. La mayor parte de los programas no hacen otra cosa que hacer pasar el rato a los niños.

Les recomendamos que dedique un tiempo para jugar y hablar con sus hijos, y si ellos insisten en ver un programa entérese de que es lo que le gusta de él, hable con él y proporciónele también su opinión. Le está enseñando a ser crítico. Es muy interesante ver cómo ellos dejan de «tragarse» todos los dibujos y anuncios de juguetes y empiezan a decir: ese juguete no vuela, eso que están diciendo no es así.

El papel que tiene el niño ante el ordenador o los juegos de ordenador no es el mismo, ya que el papel del niño es activo, no pasivo y puede aprender muchas cosas que desarrollen su inteligencia y creatividad. Hay programas muy creativos para que los niños hagan composiciones, cuenten historias, etc. Aún así, también este medio adolece de falta de comunicación social, por lo que tampoco es conveniente que los pequeños inviertan demasiada proporción de su tiempo en ello. Se ha de repartir el tiempo entre diversas actividades, como salidas a la naturaleza, juegos con amigos, con los padres y familiares, etc.

Risas y alegría en la familia

El optimismo es una capacidad que se puede aprender, es uno de los mejores regalos que le pueden hacer a sus hijos. 

Todos conocemos la anécdota de las dos personas ante un mismo vaso. El optimista dice “el vaso está casi lleno”, y el pesimista dice “qué lástima, ya está el vaso casi vacío”. Es una gran ventaja el  hábito de mirar el lado más positivo de los acontecimientos y esperar el mejor resultado  las cosas. 

 Los pesimistas creen que son realistas, pero en realidad todo depende de nuestras atribuciones, es decir, al proceso por el cual el individuo explica e interpreta los acontecimientos que acontecen. En la vida diaria distinguimos entre dos tipos de causas: 

Causa interna. En la que nos sentimos responsables de los sucesos y los atribuimos a nuestras cualidades o forma de actuar.

causa externa. En la que atribuimos los sucesos a circunstancias ambientales o de la situación.

Por ejemplo: el deficiente rendimiento del niño en la escuela  ¿se debe a la falta de capacidad o de motivación del niño (causa interna), o a que son víctimas del deficiente sistema educativo, malos maestros, etc. (causa externa).

El optimista espera lo mejor, pero también asume la responsabilidad para que las cosas buenas sucedan. Y se muestra realista si es él quien ha causado el acontecimiento negativo.

En este caso, espera que el sistema educativo y los maestros funcionen, pero si no ocurre así, lo considera una situación puntual y específica. Y es realista si se debe a falta de capacidad o de motivación del niño, y también lo considera una situación puntual y específica que se puede solucionar.

Esta forma de ver los acontecimientos ayuda a que haya en el hogar un ambiente relajado y alegre.

Estimularles a preocuparse por los demás: Los modales

La reacción emocional ante los demás se desarrolla en los niños el los primeros seis años de su vida. En esta etapa evolutiva, según Piaget, es cuando el niño es capaz de ver las cosas desde  el punto de vista de otras personas. 

 Antes de los 6 años los niños poseen lo que Martin Hoffman denomina una “empatía global”, es decir, los bebés de meses pueden llorar cuando oyen llorar, pero aún no es capaz de distinguir entre él y su mundo.

Entre el primer y segundo año de vida, el niño ya distingue entre lo que es él, los demás y su entorno, pero no sabe ponerse en el lugar del otro. Es necesaria una maduración neuronal y cognoscitiva que no posee hasta aproximadamente los seis años. Para una más completa información ver “etapas evolutivas del desarrollo”.

 Aunque antes de esta edad, el niño ya ha presenciado nuestra amabilidad y consideración hacia los demás, ahora es el momento ideal para comenzar a potenciarla, ya que su inteligencia está preparada para entenderlo mejor y aprender buenos modales, a ser responsables y a respetar a los demás.

Para ello, es necesario enseñarles que nuestros propios deseos y necesidades están limitados por los deseos y necesidades de los demás.

¿Cómo solucionan los niños sus problemas? 

Este punto está muy relacionado con el anterior, pues podemos enseñar al niño a solucionar él solo sus problemas, de la forma más adecuada, teniendo en cuenta la etapa evolutiva en la que se encuentra nuestro hijo. En demasiadas ocasiones corremos en su ayuda a solucionarle sus problemas aunque no sea necesario.

No tienen la oportunidad de pensar y actuar por sí mismos, aunque se equivoquen. Estimúlelos a resolver problemas, esta experiencia les permitirá que más tarde aprendan a ver todos los aspectos de un tema y solucionen problemas muy complejos por sí mismos. 

La resolución de problemas depende más de la experiencia que de la inteligencia, y esto es válido también para los adultos. Cada resolución satisfactoria de un problema es un importante bagaje para solucionar problemas posteriores.

La más antigua forma de enseñar es con el ejemplo, y esto sigue siendo válido. Si nos observan que ante un problema cotidiano nos paramos a analizar de forma lógica, planteándonos y valorando las distintas alternativas, sin duda les será de mucha ayuda. 

 Cuando sean mayores podemos enseñarles la importancia de pararse a pensar detenidamente las cosas, identificar y definir un problema, reunir la

información necesaria, considerar las alternativas hasta encontrar una solución bien pensada.

¿Cómo se hacen amigos de otros niños?

Para desarrollar sus capacidades sociales los niños necesitan aprender a reconocer las situaciones sociales, las necesidades de los otros niños y las suyas  y responder de forma adecuada. 

Esto es importante porque el rechazo de los compañeros en la niñez contribuye al fracaso escolar o deficiencias en el aprendizaje. 

 Este desarrollo de capacidades sociales se puede enseñar, comenzando por ejercitarlo en casa, ocupándose de ser un buen modelo para su hijo, interesándose por él, estimulándole a y comunicándole sus propios pensamientos y sentimientos, de esta forma su hijo tendrá la oportunidad de desarrollar su capacidad de conversar con sus iguales.

 Muchos niños, aunque sean muy locuaces, tienen dificultades para expresar sus deseos y necesidades a los demás, y también para comprender los deseos de los demás. 

Es especialmente importante cuando los niños cambian de ciudad o colegio y desean hacer nuevos amigos. Podemos ayudarle enseñándole tácticas observación y  acercamiento gradual a cada uno de sus compañeros. Por ejemplo primero que comenten algo del patio, después interesándose por lo que le gusta al otro niño y animándole a decirle al otro niño o  niña cuales son sus gustos.

Más adelante aprenderán a comunicar sus deseos con claridad, interesarse por los demás, mostrarse empático, expresar afecto y aprobación y ofrecer ayuda cuando sea oportuno.

 ¿Cómo cuidamos sus emociones? CE (coeficiente emocional)

Las emociones son estados afectivos subjetivos, hacen que por ejemplo nos sintamos rabiosos o felices, pero también son respuestas biológicas, ya que nuestro cuerpo entra en un estado de activación que no se da cuando no sentimos emoción. La respiración se acelera, se tensan los músculos y nuestro corazón late más deprisa. La rabia nos prepara para la lucha y el miedo para huir. También son fenómenos sociales ya que producen expresiones faciales y corporales características.

 Cumplen la función de que un niño se desarrolle hasta convertirse en un adulto feliz, pero este desarrollo puede desviarse haciéndole sufrir problemas personales y sociales.

 Hablar abiertamente de los sentimientos con nuestros hijos es la mejor manera de enseñarles a comprender y comunicar sus emociones y las de los demás, y esto facilitará su interacción social.

Es importante que sepa expresar con palabras si se siente feliz o triste, angustiado, preocupado, entusiasmado, enfadado, etc., ya que aprender a darse cuenta de que le está pasando es un aspecto vital para el control emocional y para saber escuchar y comprender a los demás.

En este sentido los niños han estado más discriminados que las niñas. A muchos hombres de hoy se les ha inculcado el disimular y ocultar  los sentimientos…recordemos la expresión típica: “los hombres no lloran”. Debido a esta educación social represora, a muchos hombres les resulta muy difícil  hablar de sentimientos con sus parejas y con sus amigos.

Pero en el sentido de controlar la ira y la agresividad ha ocurrido lo contrario: la expresión de la ira y la agresividad se les han permitido a los niños, pero no a las niñas, y eso también va en detrimento de los chicos, procuremos pues, ayudarles a controlarlas.

 Procuremos mejorar y aumentar, tanto en nuestros niños como en nuestras niñas su CE (coeficiente emocional) para que sean personas más felices y con más éxito en la vida.

Estrés

Nueve de cada diez personas padecen estrés

Según el Colegio de Psicólogos de Cataluña (Infocop 28/3/2018) Nueve de cada diez personas en España han sentido estrés en el último año y cuatro de cada diez lo ha hecho de manera frecuente o continuada, porcentaje que equivale a casi 12 millones y medio de españoles. 

En estos momentos, con los problemas creados por el Covid, la situación ha empeorado bastante. El mismo Colegio de Psicólogos indica que esta situación está generando un nuevo y mayor impacto en nuestra salud mental.

La organización Mental Healt Europe, ha querido concienciar sobre el grave problema del estrés en la situación actual, estableciendo una serie de recomendaciones para poder lidiar con el estrés durante estos tiempos difíciles

CPC y Mental Healt Europe.

Recomienda, por ejemplo seguir una rutina diaria, realizar ejercicio físico, limitar las noticias, pasar tiempo en la naturaleza y tener una respiración controlada, etc. Estamos de acuerdo con ello. Para tener una respiración controlada – muy importante para reducir el estrés- les recomendamos hacer relajación.

El estrés provoca ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad puede ser definida como una respuesta emocional o patrón de respuestas que engloba aspectos fisiológicos. Están caracterizados por un alto grado de activación del sistema nervioso autónomo y aspectos motores que suelen implicar comportamientos escasamente adaptativos.  

La ansiedad es una sensación experimentada por todos en mayor o menor medida en nuestra vida cotidiana. Cuando se produce con niveles moderados nos ayuda a enfrentarnos a las situaciones facilitando nuestra motivación para actuar aumentando nuestro rendimiento. También nos mantiene alerta ante las situaciones desconocidas. 

Pero si alcanza niveles exagerados, esta emoción normalmente útil puede dar lugar al resultado opuesto: impide enfrentarse a la situación, paraliza y trastorna la vida diaria, provocando malestar, e incluso en muchas ocasiones impide llevar una vida normalizada. 

Se puede conocer si el nivel de ansiedad es excesivo observando si se presentan síntomas físicos como alteraciones del sueño, del apetito, dolor de cabeza, del cuello, mayor deseo de fumar, tomar café o alcohol, tensión muscular, hiperventilación, etc. Si se presentan pensamientos de preocupación, autodevaluativos, comparación desfavorable con otras personas, el futuro se ve negro, tu estado de ánimo está más bajo de lo normal y se producen sentimientos de miedo, desesperanza.  

La respuesta de ansiedad puede provocarse tanto por estímulos o situaciones externas, como por estímulos internos al sujeto, como pensamientos, ideas, imágenes, etc. 

Las características personales del sujeto -como son su estructura biológica o tendencias hereditarias, más el aprendizaje por medio de sus experiencias vitales- acostumbran a determinar su predisposición a manifestar reacciones de ansiedad ante las diversas situaciones. 

En el ámbito de las relaciones interpersonales el trastorno de ansiedad más relevante es el de la fobia social, que comienza sufriendo el sujeto timidez y dificultades de relación a causa de un exceso de ansiedad social. Muchas de estas personas pueden considerar que son tímidos y que no podrán cambiar, pero no es así, una buena terapia en habilidades sociales es muy efectiva y les solucionaría su dificultad.  

En cualquiera de estas problemáticas la persona se siente ansiosa casi todo el tiempo. Muchas personas no entienden estos trastornos y piensan que deberían sobreponerse a los síntomas usando tan sólo la fuerza de voluntad, pero no da resultado. Es necesaria una intervención terapéutica rigurosa que facilite estrategias que permitan aprender a controlar la ansiedad llevándola hasta niveles razonables, y aprovechar su carácter motivador para que, en lugar de deteriorar el rendimiento, lo facilite.

¿Qué ocurre cuanto sentimos ansiedad?

Decíamos que provoca comportamientos escasamente adaptativos. El motivo es que antropológicamente, la ansiedad se producía en el ser humano, por ejemplo cuando veía cercano un león. Se producía un nivel de activación del sistema nervioso autónomo en el que ce acelera la respiración, para facilitar al sistema motor «salir corriendo». El estómago no necesita trabajar con el mismo fin, de forma que lo primordial es ¨huir¨ para salvar la vida.

Pero ocurre que, en la actualidad han cambiado los peligros: no hay leones, hay unos problemas que agobian, pero la reacción de nuestro organismo es la misma. Algunas personas, si la ansiedad no es generalizada, cuando comienzan a notar esa sensación, han probado de ponerse a correr un rato, y han manifestado sentirse mejor, más tranquilos. 

Tratamiento del estrés

El tipo de tratamiento se ha de escoger de acuerdo con el tipo de problemática (no es lo mismo una ansiedad generalizada, que una agorafobia o una fobia social, o un TOC). También se ha de atender a los recursos existentes en la personalidad del paciente. 

Pero si se trata de un estrés puntual provocado por una situación concreta, lo mejor es un afrontamiento como se explica en la ansiedad:

Se han de conocer primero los miedos, ya que la ansiedad engloba muchos miedos, unos concretos y otros abstractos. Éstos abstractos son lo que más angustia provocan: no es lo mismo tener miedo a algo concreto con lo que la persona se puede enfrentar, que enfrentarse a una mezcla de miedos terribles que no se sabe lo que son y no sabe qué puede pasar. 

Ansiedad

Qué hacer con la ansiedad

Cómo de comporta la ansiedad y qué hacer

La ansiedad es un miedo abstracto, un miedo a infinidad de cosas: problemas del trabajo, problemas de relaciones, problemas económicos, etc. Todo ello mezclado en nuestra cabeza forma una especie de espiral cada vez mas catastrófica que nos invade.

En realidad todas esas cosas terribles que nos paralizan e invaden no ocurrirán jamás. Es un efecto de la mezcla de cosas que nos asustan que hemos creado en nuestra mente, y que nos puede llegar a provocar un ataque de ansiedad. Antes de que esto ocurra, incluso antes de que comience esta espiral, hemos de ordenar nuestra mente.

Qué hacer

Lo que hemos hecho es meter en un solo “saco” todos los problemas: Los familiares, los económicos, los de relación… etc. De forma que unos afectan a los otros y todos el conjunto queda afectado.

Primero hemos de ordenar, como si colocáramos cada cosa en un cajón: en éste cajón los problemas de trabajo, en este cajón los de relación, etc. etc.  junto con los miedos correspondientes a cada uno.

Necesitamos pasar la ansiedad a miedo

Es la única forma de rebajar la ansiedad a algo en lo que podemos intervenir.

Siempre acostumbro a poner éste ejemplo: Estamos en una habitación y tenemos ansiedad: Puede ocurrir algo terrible, no sabemos qué: puede haber unas inundación, un terremoto, derribarse el edificio… una mezcla de cosas que no sabemos.

Entonces oímos un ruido fuera, entreabrimos la puerta, y vemos que hay un león en el pasillo.

Ya hemos conseguido pasar de la ansiedad al miedo(es decir, ya podemos controlar la situación): Ya sabemos qué ocurre y tenemos la opción de intervenir: Asomarlos a la ventana y pedir ayuda, apuntalar la puerta, etc. etc. 

Cuando veamos la lista de catástrofes terribles hemos de aplicar las matemáticas: Qué porcentaje de probabilidad hay de que ocurra esto. Si es ínfima o muy baja la descartamos para que no impida nuestra objetividad y estorbe.

Así llegaremos a cada uno de los problemas reales y también aplicaremos el porcentaje de probabilidad y el nivel exacto o aproximado. Por ejemplo: de que nos quedemos sin trabajo, de que no podamos comer… etc. ¿qué podemos hacer para que esto no ocurra? 

Es claro que si afrontamos los problemas de uno en uno, podemos tener la fuerza necesaria para intervenir de la forma más efectiva, ya que nuestra mente está enfocada en resolver ése problema en concreto.

El efecto es que conseguiremos que, de nuevo, nuestro cerebro comience a trabajar para nosotros y deje de formar una espiral. Dicho de otra forma: pondremos en marcha el Sistema nervioso parasimpático que es responsable de volver al estado de equilibrio y conservación, poniéndose en marcha el Sistema inmunológico, como explicamos a continuación.

Biológicamente qué ocurre en una ansiedad

El sistema nervioso está dividido en sistema nervioso central y en sistema nervioso periférico.

El sistema nervioso periférico se compone del sistema nervioso somáticoy del sistema nervioso autónomo. El somático recibe información sensorial desde el sistema central y envía a los músculos información del movimiento. 

Mientras que el sistema nervioso autónomo (SNA), como su nombre indica, actúa de forma autónoma, sin que podamos ejercer control sobre él. Es el que nos interesa en éste caso. Regula de forma autónoma la secreción hormonal, la respiración, el funcionamiento del corazón, el estómago e intestinos y varios aspectos del acto sexual como la erección y la eyaculación.

A su vez, el Sistema nervioso autónomo se divide en:

  1. Sistema nervioso simpático se encarga de regular las respuestas corporales de activación. Entra en un estado activo ante una situación amenazante aumentando la adrenalina y la frecuencia de latidos del corazón, la digestión se detiene, los esfínteres se contraen, aumenta el riego sanguíneo hacia los músculos y el cerebro y se retira de la zona genital, se estimulan las glándulas suprarrenales y la secreción de cortisol. Ésto es exactamente lo que ocurre en una situación de estrés o ataque de ansiedad.
    • Si se produce una activación continua de estrés hay como consecuencia un desequilibrio que se puede manifestar como insomnio, falta de deseo sexual, fatiga crónica. Además, y muy importante, deja de funcionar el Sistema inmunológico.
  2. Sistema nervioso parasimpático es responsable de volver al estado de equilibrio y conservación, poniéndose en marcha el Sistema inmunológico.

Depresión, distimia

Depresión

Explicamos algunos síntomas de los que puede padecer una persona con depresión para que podáis detectar en vuestros familiares, o en vosotros mismos si estáis padeciendo un episodio depresivo.

La persona presenta un estado de ánimo triste o vacio la mayor parte del día, casi cada día según lo indica el propio sujeto, llora con facilidad. 

En los niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable, tiene una falta de interés en las cosas en las que antes disfrutaba. Pierde peso sin hacer régimen, le cuesta dormir o duerme demasiado,  muestra una fatiga excesiva, padece sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada. 

Resulta inútil decirle “anímate… lo que tienes que hacer es…” Si no lo hace no es por falta de interés, es porque no puede, ya que se trata de una enfermedad del estado de ánimo que se ha de tratar.  Realmente les resulta difícil de entender a la familia que se trata de un trastorno o enfermedad psicológica porque aparentemente en algunas ocasiones lo ven bien, y creen erróneamente que si hace un esfuerzo recuperará su anterior estado de ánimo.

Distimia

Se trata de un estado de ánimo crónicamente depresivo la mayor parte del día, durante unos dos años. Puede presentar algunos de estos síntomas: pérdida o aumento de apetito, insomnio o hipersomnia (mucho sueño), falta de energía o fatiga, baja autoestima, dificultades para tomar decisiones y sentimientos de desesperanza.

Dado que resulta un trastorno crónico, la mayoria de las personas han sido tratadas con anterioridad de una depresión mayor, de la que ya han salido con medicación, pero que se ha cronificado en un nivel de distimia. Recomendamos la conveniencia de realizar una psicoterapia para solucionar el problema de fondo.

Depresión post parto

El inicio del episodio se da en las primeras 4 semanas del posparto, normalmente al salir de la clinica comienza la madre a padecer sentimientos de tristeza o vacío, de ansiedad ante las nuevas responsabilidades que dar a luz un niño le acarrea, y a su vez, de un sentimiento de culpabilidad por sentirse así en lugar de estar lo feliz que todos esperaban. 

La madre ha de conocer que esta es una situación bastante habitual, sobre todo en mamás primerizas, que no es un problema de ella, sino que se trata de una depresión post parto que hay que atender.

Si se acude al psicólogo es una problemática bastante rápida y fácil de solucionar, especialmente si se cuenta con la colaboración del marido.

Ansiedad y Depresión

Los trastornos depresivos es muy frecuente que se presenten en personas que padecen ansiedad, ya que se da una gran comorbilidad entre ambos trastornos. Quien lo padece muestra los síntomas de ambos trastornos. Podemos ver al inicio de esta página los síntomas de una persona con depresión.

Y los de Ansiedad estrés, los veremos aquí.

Vaginismo y dispaurenia

Vaginismo

El vaginismo es un espasmo del introito vaginal que impide la penetración, es decir que la vagina se cierra involuntariamente cuando se intenta la entrada, y por lo tanto,  impide el acto sexual. Las pacientes con vaginismo acostumbran a tenerle miedo o fobia al acto sexual, ya que los intentos suelen ser desagradables y dolorosos.

Las consecuencias psicológicas, tanto para la esposa como para el marido son de frustración, especialmente cuando desean tener hijos y este problema se lo impide.

De todos modos, las mujeres con vaginismo suelen ser capaces de responder sexualmente y alcanzar orgasmos mediante la estimulación del clítoris, siempre que estén alejadas de lo que consideran el “peligro” de la penetración.

Dispaurenia

La dispaurenia presenta un cuadro clinico doloroso, y lógicamente, cualquier acto que cause dolor en la relación sexual puede afectar de manera adversa a la respuesta sexual. Como es natural, las consecuencias psicológicas expuestas para el vaginismo son iguales que para la dispaurenia.

Pero al contrario que el vaginismo, la dispaurenia es siempre una disfunción secundaria, es decir, se ha funcionado bien, pero en algún momento se produce la disfuncion. 

Las causas suelen ser por lesiones vulvo vaginales, infecciosas, traumáticas o infecciones de la pelvis.  Es, por lo tanto, conveniente acudir al médico para su tratamiento antes o paralelamente de comenzar un tratamiento psicológico.

Tratamiento

El objetivo de la terapia de ambas disfunciones es modificar las causas más inmediatas de este trastorno, consiguiendo la extinción de la respuesta vaginal condicionada y de la ansiedad anticipatoria a la penetración en las relaciones sexuales.  Cuando se va consiguiendo que la paciente vaya perdiendo este lógico miedo a la penetración, es muy conveniente y acelera mucho el proceso contar con la colaboración del marido para hacer una serie de ejercicios, principalmente de Masters y Jonson, con unos resultados empíricos altamente efectivos.

Es imprescindible utilizar lubricantes, así como realizar un acercamiento por parte del marido con mucha delicadeza. De este modo poder conseguir perder el miedo al dolor por la temida penetración.