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Internet y psicología: el futuro ya está aquí




Prof. Dr. José Gutiérrez Maldonado

Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (Universidad de Barcelona)
jgutierrez@psi.ub.es
 

Participa en diversos proyectos de investigación financiados en los últimos años y ha realizado numerosas Publicaciones.

Conferencia en el encuentro de presentación del segundo semestre del año académico 2001-2002, Universitat Oberta de Catalunya
Barcelona, marzo, 2002

Resumen: El desarrollo de redes de telecomunicaciones no es un fenómeno nuevo. La construcción de la Gran Muralla china constituye un claro ejemplo, similar en muchos aspectos a la creación y desarrollo de Internet. Sin embargo, los cambios provocados por Internet y las nuevas tecnologías en la sociedad actual se están produciendo de una manera mucho más acelerada y evidente. El uso de las nuevas tecnologías en los ámbitos personales y profesionales es, actualmente, una realidad constante. La intervención psicológica también ha empezado a hacerse desde la Red y en la Red. En esta conferencia el autor desarrolla algunas de las principales cuestiones que plantea esta implantación de las nuevas tecnologías en la intervención psicológica: qué ámbitos de intervención psicológica pueden desarrollarse en la Red, qué novedades conlleva para la intervención, y cuáles son las ventajas y las limitaciones de la intervención mediante la Red, entre otras.

Sumario

  1. Redes
  2. El futuro ya está aquí
  3. Mundos
  4. Comunicación mediada por ordenador
  5. ¿Adicción a internet?
  6. Intervención psicológica clínica a través de internet

Redes

 Es difícil decidir qué sucesos o personas hay que incluir entre los antecedentes del estado actual de cualquier tema. Internet es el resultado de la confluencia de cambios y desarrollos tecnológicos y sociales muy diversos. Una de las líneas de evolución que ha dado lugar a la aparición de Internet es la tecnología de telecomunicaciones. Las señales de humo y los avisos visuales que se transmitían de torre a torre en las cadenas de puestos de vigilancia de la Gran Muralla china eran ya una forma de telecomunicación. Las torres de este tipo de fortificaciones de la antigüedad estaban dispuestas de modo que siempre había contacto visual entre una de ellas y la siguiente. Si desde una de las torres se observaba la aproximación de enemigos, se hacía una señal visual a la torre siguiente y esta, a su vez, la transmitía a otra. De esa forma la información llegaba con rapidez a distancias que podían ser considerables, lo que permitía decidir qué debía hacerse y, además, disponer de tiempo suficiente para reaccionar. Las vías de conexión entre los puestos de vigilancia de la Gran Muralla permitían también enviar soldados con celeridad a aquellos lugares donde fueran necesarios. En definitiva, la Gran Muralla era una estructura que hacía posible la transmisión de señales y la reasignación eficiente de recursos. 

Desde entonces hasta 1884, año en el que Morse estableció el primer enlace telegráfico, pasaron milenios; desde la época de Morse hasta nuestros días han transcurrido poco más de 100 años. En esos cien años parece haberse progresado a un ritmo cualitativamente distinto al que se avanzó en el pasado. Tenemos la suerte de vivir una época de expansión inflacionaria de los avances tecnológicos, y pocos dirían que los riesgos que esa situación conlleva no se ven compensados por los beneficios que proporciona.

Parece razonable mantener una actitud optimista ante el progreso. De todos modos, a veces se cae en el error de pensar, con cierto etnocentrismo, que la nuestra es una época de cambios revolucionarios, sin parangón con lo que ocurría en el pasado. En realidad el fenómeno de Internet se ha repetido varias veces a lo largo de la historia de la humanidad. Lo que en la actualidad nos parece algo completamente nuevo y revolucionario lo es sólo en apariencia.

El desarrollo de redes es un fenómeno muy frecuente. Según lo registrado en algunos libros de historia, la Gran Muralla se empezó a construir en el siglo VII antes de nuestra era. En el año 657 a.n.e., se levantó una primera fortificación de más de 500 kilómetros. Durante el período de los Reinos Combatientes (475-221 a.n.e.) hubo otros reinos que edificaron sus murallas. Qin Shi Huangdi, primer emperador de la dinastía Qin (221-206 a.n.e.), ordenó reparar y unir las fortificaciones aisladas del norte, de modo que se formó una sola de más de cinco mil kilómetros, de oeste a este. Más tarde, en muchas dinastías se construyeron murallas en las zonas fronterizas contiguas a las habitadas por nómadas del norte. La dinastía Ming (1368-1644) continuó enlazando tramos dispersos y amplió en dieciocho ocasiones la Gran Muralla, con lo que esta llegó a alcanzar una longitud de 6.350 kilómetros.

Como este podrían exponerse infinidad de ejemplos de construcción y desarrollo de redes, cuya dinámica es siempre muy semejante en algunos aspectos generales.

Internet, la red de redes, de forma similar, creció a base de conectar redes menores que trabajaban por separado. El sistema resultante tiene hoy propiedades que van más allá de la suma de sus partes, como ocurre con cualquier sistema. Las construcciones defensivas dispersas iniciales tenían un carácter defensivo que se vio trascendido con su interconexión para dar lugar a la Gran Muralla. De forma parecida, el significado actual de Internet va más allá de lo que se podía imaginar a partir de las propiedades de las redes antes de su interconexión.

La primera utilización remota de un ordenador tuvo lugar en los laboratorios Bell, en 1940. La primera red de ordenadores fue desarrollada como mecanismo de defensa aérea en los Estados Unidos y data de principios de los años sesenta. Hasta 1994 los dominios educativos fueron mayoritarios en Internet, pero desde 1995 la hegemonía ha sido para los dominios comerciales. 

Ese cambio de hegemonía de dominios es el reflejo de otro cambio, consistente en la sustitución del paradigma de la investigación exploratoria por el de la producción eficiente.

Inicialmente Internet era una comunidad regulada por estructuras informales de reconocimiento de los méritos personales. Méritos que se basaban en la capacidad para hallar soluciones a los problemas que iban apareciendo y en la disposición a compartirlas. Aquellos que encontraban las mejores soluciones recibían como recompensa únicamente el reconocimiento de los otros miembros de la comunidad. Los que destacaban especialmente recibían la consideración de "gurú". La comunidad de Internet era en esos momentos un auténtico pandemónium. Su funcionamiento se parecía bastante al del programa que Oliver Selfridge bautizó con ese nombre en los albores de la inteligencia artificial. Consistía en una muchedumbre de demonios independientes; cuando surgiese un problema, todos ellos se pondrían a intentar resolverlo, y si uno no tenía éxito lo intentaría otro. A primera vista parece un derroche que un montón de gente intente resolver los mismos problemas, pero, al buscar la solución por caminos diferentes, exploran mejor el espacio de las posibilidades que un solo equipo trabajando de manera secuencial. La naturaleza trabaja de ese modo: más que con sistemas jerárquicos, asignación de tareas y sin despilfarros, se comporta como un niño que explora desordenada y lúdicamente diferentes posibilidades.

La actitud comunitaria basada en compartir información ha sido sustituida posteriormente, en gran parte, por una visión comercial, con lo que se han trasladado a la Red las prácticas económicas habituales de la sociedad. No obstante, sigue siendo fácil convertirse en proveedor de información a través de Internet, lo que lleva a que, junto al movimiento colonizador de la Red por parte de las instituciones oficiales y de los grupos económicos de mayor tamaño, coexista esa otra tendencia caótica que se mantiene todavía en la actualidad, heredera de los primeros tiempos. Coexisten flujos de información verticales y horizontales, y hay una cierta impresión de desorden.

Internet se asemeja a un sistema caótico en proceso de autoorganización, o a lo que Murray Gell-Mann (1995) llama un sistema complejo adaptativo. La comprensión de Internet desde ese marco conceptual no se ha ensayado todavía. Es posible que modelos de ese tipo permitan explicar fenómenos todavía oscuros de su dinámica e incrementar nuestra capacidad de previsión.

El momento a partir del cual comenzó la inflación de Internet fue cuando Tim Bertens Lee diseñó la primera World Wide Web en el CERN, en 1989. En 1992 Mark Andreassen y otros colaboradores desarrollaron en el NCSA la primera versión de Mosaic, una interfaz gráfica, predecesora de los actuales navegadores, que incrementaría notablemente la facilidad de uso de la WWW. Mosaic fue para Internet lo que Windows para la informática personal (o antes los ordenadores Macintosh). Ambos fueron avances hacia una interfaz ergonómica que facilitara la interacción con el ordenador y con la Red. Probablemente el siguiente paso sea la interfaz de realidad virtual. De hecho, las interfaces actuales son propiamente ya de realidad virtual, ya que simulan escritorios, oficinas, etc. A medida que el vínculo entre la interfaz y el usuario sea más íntimo, se ganará ergonomía. En el futuro será difícil ver dónde acaban las capacidades humanas y empiezan las de las máquinas. Muy probablemente aparecerán pronto interfaces que faciliten el acceso al ordenador y a la Red sin necesidad de inmovilizar físicamente al usuario, así como interfaces de realidad virtual mediante las cuales será difícil distinguir la ilusión de la realidad. Avanzando hacia el ciborg, ese organismo cibernético resultado de la hibridación hombre-máquina, los visionarios de la realidad virtual anticipan el momento en que las personas podrán olvidarse del cuerpo físico. Algunos de los visionarios más atrevidos aseguran que llegará el día en que se podrá copiar la información contenida en un cerebro, lo que implica también la conciencia y la identidad; y ese nuevo "yo" podrá seguir a partir de entonces un curso vital diferenciado. 

Desde la aparición de la World Wide Web, Internet se ha caracterizado por la interconexión mediante hipertexto. Vannebar Bush en los años cuarenta y Ted Nelson en los sesenta ya anticiparon con claridad el futuro. Bush definía un "memex" como un dispositivo en el que una persona puede almacenar todos sus libros, discos, archivos y cartas, y que permite recuperar la información siempre que sea necesario con suficiente velocidad y flexibilidad. Constaba de una pantalla para proyectar la información, y un teclado y una serie de botones para introducir órdenes. Ted Nelson, con su siempre inacabado proyecto Xanadú intentó materializar en la práctica la visión de Bush. Nelson acuñó el concepto y la expresión hipertexto por primera vez en 1965.

Las consecuencias de la máquina "memex", imaginada por Bush, y del hipertexto sobre la construcción del conocimiento tienen gran interés para los psicólogos. Algunos de los rasgos distintivos del libro se ven alterados. Las obras ya no son dadas por el autor, sino construidas por el lector. El mismo concepto de autor se transforma, desaparece como persona y es sustituido por una autoría distribuida. El hipertexto posibilita una lectura reticular, más parecida, dicen algunos, a la propia estructura del conocimiento. Es posible que la lectura secuencial tradicional posibilite seguir cadenas de razonamiento con mayor rapidez que una navegación libre por hipertexto, en la que el lector no se limita a dejarse llevar sino que debe descubrir activamente el conocimiento. En cualquier caso, es una cuestión de gran interés para la investigación empírica: delimitar aquellos propósitos para los que resulta más adecuada cada alternativa de estructuración del texto, secuencial o reticular. 

El futuro ya está aquí 

Las metáforas a que se ha recurrido para hablar de Internet son numerosas. "La autopista de la información" ha sido una de ellas. La carretera hace a la persona más independiente de su entorno inmediato. Puede elegir un trabajo cerca de su casa o bien otro más alejado al que va por la mañana y del que regresa por la tarde. Puede hacer la compra en una tienda próxima o en un centro comercial no tan cercano. La carretera libera a la persona de las ataduras de su entorno inmediato y le abre más posibilidades de elección. Con Internet se va un paso más allá. Uno puede elegir relacionarse con su entorno inmediato o buscar otras opciones en lugares distintos, ya sea personal o profesionalmente. Ya no se depende del entorno inmediato en el que es posible moverse caminando, ni del entorno comprendido por la distancia razonable a que se puede llegar en unos minutos u horas por la carretera; virtualmente puede accederse a cualquier parte del mundo casi al instante.

En lugares como las aldeas de las zonas rurales de hace no muchos años la gente vive en un entorno en el que se confunden las actividades. Se come, se duerme, se trabaja, se establecen vínculos de amistad prácticamente en el mismo sitio. Las relaciones sociales resultan evidentes, se puede ver a las personas formando parte de una comunidad espacial y temporalmente bien definida, los vínculos resultan visibles. La carretera y otros medios de comunicación hacen que comiencen a diferenciarse las actividades y los espacios. El entorno familiar se distingue del laboral, y estos de otros en los que se establecen relaciones de amistad. Las relaciones sociales son menos evidentes, comienzan a ocultarse. El espacio en que antes de la carretera se compartía la vida familiar, laboral y personal se limita ahora a un tipo de relación. Se organizan mundos diferenciados y casi independientes, escasamente relacionados.

Es posible que Internet sea algo más que una ampliación cuantitativa de esos grados de libertad. Internet hace posible el concepto de aldea global. De igual forma que las actividades sociales se confundían en la aldea antes de la llegada de la carretera, parece que van a confundirse de nuevo en el futuro gracias a Internet. Desaparecerá la diferenciación de actividades en espacios porque habrá un único espacio. Podrá romperse la separación de actividades que conlleva la necesidad de desplazarse del lugar donde se desarrolla una función al lugar donde se realiza otra. Colaboradores, familiares y amigos, todos estarán al alcance en cualquier momento y en cualquier lugar. No será necesario estar en un sitio concreto para trabajar porque se podrá conectar con el ordenador del puesto de trabajo desde cualquier lugar. Tampoco será necesario esperar a que empiece la jornada laboral para comenzar a trabajar, o dejar de hacerlo cuando esta acabe. Se estará siempre trabajando y desde cualquier lugar. El estudiante ya no dependerá de lo que le ofrezca la universidad de su ciudad, podrá ser alumno de cualquier universidad del mundo. No será necesario abandonar el trabajo y llegar a casa para estar con la familia, porque la comunicación con ellos será permanente. Lo mismo ocurrirá con los vínculos de amistad.

No debe pensarse que todo esto son futuribles, porque en cierta medida ese futuro ya ha llegado. La oferta de programas educativos a través de Internet ya es considerable y crece a paso acelerado. Aunque algunos profesores universitarios siguen enseñando lo que aprendieron hace 20 o 30 años, las universidades como institución intentan adaptarse a los tiempos y ya no piensan en un área de influencia geográfica limitada, sino global. Lo mismo ocurre con algunas empresas: no sólo se plantean un mercado global, sino que han cambiado la cultura de las relaciones laborales. Se busca que el trabajador viva su trabajo personalmente, que se involucre. Se abandonan prácticas de control coercitivo y se ofrece al trabajador la posibilidad de diseñar su propia actividad. Lo laboral se mezcla con lo lúdico y con lo personal, alejándose de la alienación. Estas nuevas organizaciones se parecen más a corporaciones, a conjuntos de proyectos, que a unidades físicas permanentes.

Esa transición en la cultura de las relaciones laborales no está exenta de cierta tensión, no obstante. Algunos directivos pueden sufrir el temor a perder el control de su organización si ponen en marcha sistemas de correo electrónico o de acceso a Internet, con los que cualquier información subversiva o rumor se extienda fácil y rápidamente.

Otro temor frecuente es que los trabajadores utilicen parte de su tiempo de trabajo en actividades ajenas al mismo.

 

Una encuesta del instituto Vault (Menezes, 2001) sobre 451 empleados y 670 empresarios muestra que el 72% utilizan Internet casi a diario para leer la prensa y otras tareas no relacionadas con el trabajo. El 37% de los entrevistados admite que buscan otros empleos mejores a través de Internet en horario de trabajo. El 45% hacen planes para sus vacaciones o días de fiesta buscando información por Internet, el 13% graban música y el 11% entra en juegos en red, todo ello en horario de trabajo. Algunas empresas han tomado medidas contra empleados por el uso privado que hacen estos de los medios de comunicación que ponen a su disposición, pero su legalidad es cuestionable. En cualquier caso, este es un fenómeno que revela la mezcla del ámbito personal y laboral inducida por las tecnologías de la comunicación.

Internet sustenta relaciones de todos los tipos. Las listas de correo y los foros de discusión pueden dar soporte a grupos densos y delimitados en los que la comunicación se produce de manera abierta y pública. El correo electrónico y otros procedimientos de comunicación personal dan sustento a redes privadas, menos delimitadas, grupos de trabajo no limitados geográficamente, etc. Pero otras características de la comunicación que se establece a través de Internet sí que son peculiares. La primera de ellas es una cuestión de escala. Internet facilita que el número de intercambios crezca en una medida inalcanzable por ningún otro medio; proporciona contactos con personas de características sociales más diversas, atravesando barreras de estatus; da más control sobre el ritmo y el contenido de la divulgación de información sobre uno mismo. Estas características diferenciales hacen que Internet contribuya a la transición desde las comunidades y grupos de trabajo densos y delimitados, organizados a partir de la vecindad y del puesto de trabajo, hacia las comunidades y los grupos de trabajo dispersos y no delimitados, basados en intereses mutuos. 

Mundos 

Internet puede incrementar la tendencia a la disminución de la sociabilidad con base en la comunidad física tradicional y al declive de la vida social dentro del trabajo; en cambio, puede hacer que aumente la sociabilidad entre personas que constituyen lazos electivos, que no coinciden físicamente por el hecho de trabajar o vivir en el mismo lugar pero que comparten intereses comunes.

El don de la ubicuidad se va a generalizar. Internet, teléfonos móviles y la futura integración de ambos lo harán posible. El ser y el estar se encuentran unidos en idiomas como el inglés. Saber quién es uno se relaciona estrechamente con saber dónde está. Se está, en parte, en función del reflejo que devuelven los otros con los que se interactúa. Será interesante ver de qué forma afecta a la identidad, en el futuro, el desenclave de amarres físicos localizables que proporciona Internet. Los emplazamientos geográficos van a perder gran parte de su importancia en la definición de las relaciones sociales y de las identidades culturales. Los gobiernos, observa Castells, también se verán afectados. En la actualidad el gobierno se ejerce sobre personas concretas alojadas en territorios delimitados, pero esa localización de las personas comienza ya a ser borrosa hoy en día.

La figura representa cómo eran los mundos personales y las redes sociales antes de Internet y cómo han cambiado a consecuencia de su utilización. Antes de Internet la probabilidad de establecer vínculos sociales estrechos estaba muy relacionada con la proximidad física. Los mundos más próximos al nuestro también eran aquellos con los que nos relacionábamos con mayor intensidad y frecuencia. Las flechas más gruesas indican vínculos más fuertes o frecuentes. Los vínculos familiares y de vecindad, en el terreno personal, eran muy importantes. En el ámbito laboral, de igual manera, los grupos de trabajo se formaban en gran medida a partir del condicionamiento que imponía la mayor o menor proximidad física (o a la inversa, se condicionaba esta a las necesidades impuestas por la división del trabajo). En general, los mundos muy alejados físicamente del nuestro eran poco conocidos; se podían establecer algunos vínculos con ellos, pero estos eran poco intensos o infrecuentes. Incluso podía haber mundos visibles, pero inalcanzables; se conocía su existencia, pero no se podía interactuar con ellos debido a su lejanía.

Con Internet se han producido varios cambios. En primer lugar la probabilidad de establecer vínculos y la intensidad de estos es prácticamente independiente de la distancia física. Son relaciones establecidas por elección, y ya no por imposición ambiental, las que predominan tanto en el ámbito personal como en el laboral. Se pueden establecer vínculos con mundos tan alejados que antes sólo resultaban visibles. Pero, aún más, es posible establecer vínculos con mundos que antes ni siquiera eran visibles. La proximidad física ya no condiciona las relaciones, sino que incluso es posible prescindir de vínculos con personas o grupos cercanos, que antes resultaban irreemplazables.

La figura también muestra que los mundos después de Internet se han empequeñecido. El modelo sugiere que su tamaño es directamente proporcional a la intensidad (o probabilidad) de los vínculos que se establecen con los mundos cercanos, e inversamente proporcional a la intensidad (o probabilidad) de los vínculos que se establecen con los mundos lejanos. Esto es así tanto en el ámbito personal como en el laboral.

En el pasado las casas debían ser grandes para permitir que tuviera lugar en ellas gran parte de la interacción social necesaria para el individuo. La familia era más extensa, se necesitaban más habitaciones y más grandes. Había que recibir a los vecinos y a las visitas. La mayor parte de la interacción social se llevaba a cabo en ese espacio. La evolución de las tecnologías de la comunicación ha hecho aceptables formas de vida y espacios que en el pasado hubieran resultado intolerables.

Tal y como observa Ilkka Tuomi, la Nagakin Capsule Mansion sirve como ilustración ejemplar de lo que está sucediendo. Se trata de un edificio de viviendas que se encuentra en Tokyo. A la entrada de cada apartamento-cápsula hay un espacio reducido para el aseo. Bajo la ventana hay una cama, e integrado en ella hay un panel con el que se controla un aparato para escuchar música y radio, una televisión y un teléfono. Junto a la cama hay una pequeña dependencia para cocinar y en la pared, un armario para guardar la ropa.

Es un espacio que representa de manera extrema cómo puede llegar a quedar reducido el mundo privado en un entorno urbano contemporáneo. La vida privada parece reducirse al control del estado de ánimo (con la música), a la identificación con algún grupo de pertenencia (escuchando las mismas emisoras de radio que los amigos), a observar el mundo que hay afuera (mirando la televisión) y a comunicarse con él (llamando por teléfono). El resto de la vida es trabajo.

Sin las posibilidades de los actuales medios de comunicación, un espacio así resultaría insufrible. Pero lo cierto es que nuestros vínculos sociales se hacen cada vez más independientes del tiempo y del espacio. Ya no es necesario un lugar físico como nodo de las relaciones sociales. Muy probablemente el incremento de los hogares unipersonales está directamente relacionado con el avance de las tecnologías de la comunicación. En el ámbito público, de modo similar, el discurso político se hace cada vez más independiente de la localización espacial; los temas de discusión transnacional crecen y disminuye la importancia de los que tienen lugar en el interior de las fronteras nacionales.

Es probable que la identidad psicológica sufra un proceso de fragmentación parecido al que afecta a los espacios físicos. La comunicación, como indica Wellman, se establece más entre personas que representan diferentes roles que entre identidades globales. Las redes de comunicación entre roles están en constante reconfiguración y cambio, y eso hace que a la fragmentación se añada la inestabilidad. Además, la solidaridad de la relación basada en la convivencia es más difícil de obtener cuando el individuo distribuye sus vínculos sociales entre mundos alejados y variables. Es por ello que se plantea un nuevo tipo de estrés para el individuo: el que viene dado por la dificultad para formar y mantener una determinada identidad psicológica.

La psicología de la tecnología deberá ser sin duda un importante campo de estudio e intervención dentro de muy pocos años.

Algunos de los temas de interés para tal empresa se esbozan a continuación. Comenzaremos con un campo escasamente explorado hasta el momento, como es el de las diferencias individuales en comunicación mediada por ordenador (CMO). Seguiremos con algunas reflexiones en torno a una hipotética adicción a Internet, a la que algunos pretenden dotar de entidad como etiqueta diagnóstica. Y acabaremos con una discusión de las posibilidades y limitaciones de la intervención psicológica clínica a través de Internet. Basaremos la exposición de los diferentes temas en trabajos recientemente publicados por nuestro grupo de investigación, en la Universidad de Barcelona, y otros coordinados por Félix Moral, de la Universidad de Málaga; Juan Alberto Estallo, de los servicios psiquiátricos del Ayuntamiento de Barcelona, y la comisión deontológica del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña. Quedarán por exponer temas importantes, como algunas de las nuevas posibilidades que ofrece Internet para la obtención de datos en la investigación psicológica o el estudio de la forma en que Internet incide sobre los movimientos sociales. Les remito, si tienen interés en leer algunas aportaciones respecto a estos y otros temas, al número monográfico sobre Internet y psicología que publicó recientemente la revista de nuestra facultad: Anuario de Psicología.

Comunicación mediada por ordenador

La investigación sobre diferencias individuales en comunicación mediada por ordenador (CMO) se ha ocupado, hasta el momento, de variables personales como el sexo, y prácticamente no hay información empírica relacionada con la personalidad. Sí que existen algunas especulaciones basadas en la presuposición de una buena adaptación de los rasgos propios de la personalidad introvertida a las características de la CMO.

De acuerdo con la teoría del arousal, las personas introvertidas se encuentran crónicamente más activadas que las extrovertidas, se sitúan ya de manera natural muy cerca de su nivel óptimo de activación. Eso hace que eviten situaciones de estrés o activadoras, puesto que estas las llevan a sobrepasar su nivel óptimo de activación y su rendimiento se deteriora. En cambio, las personas extrovertidas se encuentran crónicamente subactivadas y buscan situaciones estimulantes que las sitúen cerca del nivel óptimo de activación. La interacción social es una de las situaciones que generan mayores niveles de activación; en consecuencia, las personas introvertidas prefieren actividades que se puedan realizar en aislamiento, les gusta más leer que ir a fiestas, por ejemplo, mientras que las personas extrovertidas buscan la interacción social.

El ritmo de interacción de las personas introvertidas es más lento que el de las extrovertidas. Aquellas son más reflexivas, estas son más impulsivas. Una persona extrovertida no necesita tanto tiempo para organizar su respuesta. Eso hace que en una situación de interacción grupal, el ritmo de la discusión sea marcado por las personas extrovertidas. Cuando el introvertido está seguro de lo que va a decir, el tema de la conversación ya ha cambiado.

Cabe suponer que esa situación, hallada en la comunicación cara a cara y en tiempo real, puede ser distinta a la que aparece en contextos de comunicación asíncrona, como los foros de discusión a través de Internet. En este tipo de entornos, los participantes disponen de todo el tiempo necesario para procesar los mensajes y estructurar sus respuestas. La persona introvertida puede leer con calma un mensaje emitido por otro participante, pensar sobre su contenido, redactar una respuesta, repasarla y enviarla cuando esté seguro de qué es lo que quiere decir.

Los estilos de CMO asociados al sexo de los participantes han recibido, como se decía, más atención que los asociados a la personalidad. Cuando se han estudiado diferencias léxico-gramaticales entre los sexos, se ha observado que las mujeres están más orientadas hacia las personas, hablan más de ellas mismas, revelan en mayor medida pensamientos y sentimientos e interactúan más con los demás. Algunos estudios indican que las mujeres utilizan la conversación principalmente para negociar y expresar relaciones, mientras que los hombres lo hacen para establecer control. Las mujeres están más orientadas hacia la cooperación. En el campo de la CMO se ha informado de diferencias entre los sexos semejantes a las encontradas en la comunicación cara a cara. Herring resume los diferentes estilos en CMO de hombres y mujeres caracterizando a ellos por su tendencia al enfrentamiento y a ellas por su tendencia a dar soporte. Los hombres escriben mensajes más largos y frecuentes, utilizando el sarcasmo y la crítica en mayor medida, mientras que las mujeres expresan más dudas, sugerencias y apreciaciones, aunque sus mensajes son más cortos. En los foros, los varones inician más tópicos de discusión que las mujeres y su estilo de argumentación se basa fundamentalmente en la exposición de hechos, mientras que las mujeres argumentan en mayor grado a partir de la intuición y la experiencia.

Con la finalidad de estudiar las diferencias en CMO relacionadas con la personalidad, nuestro grupo analizó los mensajes enviados al foro de discusión de un curso universitario. Se estudiaron también posibles diferencias relacionadas con el sexo. Entre los resultados más interesantes se encontró que, si bien el nivel de participación total de extrovertidos e introvertidos en los foros de discusión fue similar, estos fueron más constantes que aquellos. Los alumnos extrovertidos comienzan con una participación muy elevada, pero esta se reduce progresivamente a medida que avanza el curso. Sus mensajes respectivos tampoco difieren en extensión, pero sí en número de ideas expresadas. Los alumnos introvertidos expresan mayor cantidad de ideas. Esa mayor fluidez de ideas se consigue con mensajes de igual extensión que los de los alumnos extrovertidos, por lo que cabe pensar que su estilo de comunicación es más eficaz.

Livingood habla de "la venganza de los introvertidos", para referirse a la mejor adecuación de sus características personales a la CMO, en general, y a la comunicación que se establece a través de Internet, en particular. La idea puede aceptarse desde el momento en que se comprueba que, a diferencia de lo que ocurre en situaciones de interacción cara a cara, en entornos de CMO como el utilizado en nuestro estudio los introvertidos no sólo emiten tantos mensajes como los extrovertidos, sino que lo hacen con la misma extensión e, incluso, con mayor cantidad de información y más constancia.

Las personas introvertidas encuentran en la CMO un entorno apropiado para la interacción social. Probablemente ello sea debido a la menor activación generada por la situación, a causa de la ausencia de señales no verbales, así como al mayor control que pueden ejercer sobre el ritmo de la interacción, adecuando mejor dicho ritmo a su tendencia a la reflexión y a su baja impulsividad. En cualquier caso, en el estudio que estamos resumiendo únicamente se constatan las diferencias en CMO predichas entre introvertidos y extrovertidos, pero no se aporta información sobre los mecanismos que sustentan tales diferencias, por lo que es necesario realizar en el futuro estudios experimentales para ello, en los que se manipulen activamente variables como el nivel de activación presente en la situación y el ritmo de la interacción.

Tal como se había propuesto en trabajos teóricos o como se había hallado en investigaciones empíricas previas, los hombres de nuestro estudio escribieron mensajes más largos que las mujeres. Sin embargo, y esto es un dato nuevo, los mensajes de los hombres no tienen más contenido que los de las mujeres, puesto que el número de unidades de significado no fue diferente en función del sexo. La explicación de estas diferencias también tiene todavía un carácter especulativo. Es posible que en su base se encuentre la ausencia de señales no verbales en la CMO. Esta ausencia de señales no verbales parece ser apropiada para los estilos de comunicación de los varones, pero no para los de las mujeres. Los resultados de algunos trabajos en los que se observa que las mujeres utilizan más expresiones icónicas emocionales ("emoticonos") que los hombres, en situaciones de CMO, son consistentes con esa hipótesis.

En la comunicación a través de Internet existen pocos datos que nos informen del estatus y la posición social de la otra persona, lo que confiere al medio un sentimiento de igualdad en la interacción. La falta de estas señales, junto al anonimato, favorece que las personas se presenten ante los demás con un "yo ideal" en mayor medida que en una conversación cara a cara. El paso de la conversación general a temas relacionados con experiencias profundas y fantasías es muy fácil. El alto nivel de intimidad que puede alcanzarse es una de las características más distintivas y motivadoras de los diferentes recursos comunicativos por Internet, cuya utilización puede ser calificada por algunas personas como adictiva.

¿Adicción a Internet?

Desde hace tiempo van apareciendo noticias relacionadas con la adicción a Internet en numerosos medios de comunicación. En no pocas ocasiones tales noticias tienen un carácter sensacionalista que está muy alejado de la realidad. Sin embargo, desde ámbitos clínicos profesionales también se han publicado diferentes trabajos acerca del componente adictivo-compulsivo de Internet. Muy poco se ha dicho en torno a la metodología de estos trabajos, de modo que han sido aceptados sin grandes objeciones e incluso han dado lugar a centros virtuales y presenciales de tratamiento.

Goldberg y Young han sido los primeros y mayores defensores del reconocimiento de un hipotético trastorno por adicción a Internet como categoría diagnóstica con validez clínica, definiéndolo a partir de los criterios diagnósticos del DSM IV para el juego patológico. Se describe como un trastorno de características adictivas-compulsivas caracterizado por la existencia de tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia. Sin embargo, la validez de esa caracterización es cuestionable, por cuanto la utilización de Internet persigue reforzadores de carácter eminentemente social, en los que la comunicación tiene un papel fundamental y que son muy diferentes de los que rigen la conducta del jugador patológico.

Las críticas más destacadas sobre esa nueva categoría diagnóstica están basadas en deficiencias metodológicas importantes de los trabajos realizados hasta la fecha al respecto. Parte de ellas tienen que ver con el sistema de muestreo seguido y el sesgo que ello supone. El muestreo mediante grupos autoseleccionados, que ha sido prácticamente el único utilizado hasta el momento, puede aceptarse para trabajos de naturaleza exploratoria, pero supone un serio riesgo establecer juicios clínicos aceptando como representativas de la población de internautas aquellas muestras que llegan hasta los cuestionarios alojados en páginas web. Este procedimiento da más relevancia a la presencia de aquellos internautas que pasan más tiempo conectados. En gran medida quedan fuera de estos estudios los navegantes de tipo ocasional, y se obvia también a aquellos que utilizan de modo monográfico un recurso en especial, como es el caso de los chats o de los juegos en red. A todo ello, como observa Juan Alberto Estallo, se añaden tamaños muestrales francamente cortos.

En los estudios que constatan la existencia de un grupo de sujetos que permanecen conectados durante períodos prolongados de tiempo, no se dice nada acerca de si estos sujetos presentan algún problema previo. En los cuestionarios utilizados resulta habitual la ausencia de ítems relacionados con la existencia de antecedentes psiquiátricos personales, problemas médicos, discapacidades, déficits de relación, situaciones de soledad, dificultades de relación interpersonal, problemas de pareja, que podrían ser una alternativa razonable a los diagnósticos de abuso aparente de Internet.

Un modelo más plausible que el de la adicción, para explicar la elevada utilización de Internet, puede ser el siguiente. Cuando se es un nuevo usuario o se descubre un nuevo recurso en Internet, se produce una fase de encanto, que se caracteriza por elevados tiempos de consumo. Un tiempo después aparece una caída del uso que corresponde a una percepción mas objetiva de lo que es Internet en sí o el recurso recientemente descubierto. Finalmente aparece una fase de estabilidad donde el recurso o el uso de Internet en sí mismo halla su espacio natural en las actividades del sujeto. De este modo es esperable que, una vez alcanzado el tercer nivel, se vuelva ocasionalmente al primero, con lo que se da al uso de Internet un carácter fásico semejante al de cualquier otra actividad humana. Los estudios realizados mediante cuestionarios colocados en páginas web, en consecuencia, serán rellenados con mayor probabilidad por aquellas personas que se encuentran en la primera fase (de encanto), por lo que se obtienen datos sesgados. No es suficiente conseguir este tipo de datos, que no revelan nada respecto a la evolución de la utilización de Internet en cada persona, sino que ofrecen una instantánea sesgada. Para trabajar con datos representativos sería necesario realizar un seguimiento del uso de Internet. Datos longitudinales serían más fiables y permitirían contrastar la hipótesis de utilización fásica.

Una vía alternativa reside en considerar la existencia de un uso abusivo de la tecnología en general. Este uso podría evolucionar de modo adaptativo o bien desviarse hacia situaciones desadaptativas, ya sea en modo generalizado o en algún aspecto específico.
 

Intervención psicológica clínica a través de Internet

Para acabar, vamos a referirnos a los ámbitos de intervención psicológica clínica a través de Internet. Estos son ya muy diversos y crecen a medida que se extiende su uso entre la población. Desde el punto de vista técnico el antecedente más inmediato lo constituyen las intervenciones médicas y psicológicas mediante el teléfono, como por ejemplo los "teléfonos de la esperanza".

En el nivel más básico de la intervención (y evaluación) psicológica clínica a través de Internet se encuentran las guías de autoayuda que proliferan en multitud de portales dedicados a la salud en general y a la salud mental en particular. Su valor e interés es muy diverso; hay que prestar atención a la fuente para tener una idea de la fiabilidad de la información que se ofrece. Existen también recursos para la evaluación psicológica y la administración de tests a distancia, orientación y terapia psicológica por correo electrónico, foros y chats, y grupos de soporte mediante comunicación asíncrona o en tiempo real.

Las principales ventajas y limitaciones de la intervención a través de Internet guardan relación con el tipo de acción que se pretenda realizar. Todas aquellas intervenciones para las que resulta imprescindible la información no verbal encuentran serias dificultades para llevarse a cabo por Internet, aunque es una cuestión de tiempo que eso cambie: cuando se puedan transmitir señales de audio y vídeo en tiempo real con calidad suficiente. En aquellas otras situaciones en que esa clase de señales no resultan relevantes, o en que pueden ser incluso fuente de ruido o distorsión, Internet se convierte en un medio con ciertas ventajas; por ejemplo, un tratamiento mediante comunicación escrita facilita análisis más exhaustivos del componente verbal, lo cual puede ser de gran utilidad para realizar una reestructuración cognitiva, desarrollar una terapia racional emotiva o aplicar técnicas de resolución de problemas.

La flexibilidad espacial y temporal es otra ventaja claramente asociada a la intervención a través de Internet. No es necesario que psicólogo y cliente coincidan en un mismo espacio y tiempo, lo que permite acceder con mayor facilidad al consejo del especialista a personas con dificultades para desplazarse hasta la consulta por diferentes motivos. En determinados trastornos como la agorafobia, fobia social, en personas con déficit de conductas asertivas, etc., los contactos iniciales pueden ser más fáciles para el paciente si se realizan a distancia. Las sesiones pueden archivarse y ser revisadas en profundidad por el mismo o por otro especialista. La invisibilidad del terapeuta puede favorecer la confidencialidad; el paciente puede verse así menos tenso, avergonzado o atemorizado que en una relación cara a cara, lo que favorece la fiabilidad en el relato de los síntomas.

Otras ventajas vienen dadas por la utilización de Internet, no ya para sustituir a la intervención presencial, sino como complemento de esta. Los diferentes canales de comunicación facilitados por Internet suponen nuevos recursos para la comunicación entre el psicólogo y el cliente fuera de las horas de consulta. Se hacen posibles contactos mucho más frecuentes y seguimientos más estrechos, que serían muy difíciles de otro modo.

Las peculiaridades de este nuevo medio para la intervención psicológica clínica hacen que se deba prestar especial atención a consideraciones éticas y deontológicas. En este sentido, el Colegio de Psicólogos de Cataluña ha sido pionero, ya que ha elaborado las primeras propuestas de regulación. Tal como indica en su informe sobre el tema, la intervención psicológica a través de Internet ha de garantizar como mínimo el mismo nivel de confidencialidad, privacidad y consentimiento informado que la presencial. Debe prestarse especial atención al problema de la seguridad en la transmisión y almacenamiento de los datos. Este es un problema común a cualquier actividad que se realice a través de Internet y su resolución depende no sólo de la voluntad del terapeuta y el paciente sino también de cuestiones técnicas como la viabilidad de cifrar los mensajes. La competencia profesional debe ser garantizada; es necesario disponer de procedimientos que permitan el conocimiento por parte del paciente de la identidad del terapeuta, su titulación y capacitación profesional y la posibilidad de contrastarlos; y también es necesario establecer los mecanismos que se requieren para asegurar la calidad de los servicios prestados.

Debo decirles, que tras dedicar cierto tiempo al estudio de estos temas, estoy convencido de la necesidad de mantenerse actualizado en ellos, no sólo por interés y conveniencia personal, sino también por responsabilidad profesional. Las tecnologías de la información y la comunicación van a estar cada vez más presentes en nuestras vidas. Renunciar a ellas es, además de poco razonable, imposible.


En ese sentido, creo que nuestro entorno social y cultural está bien preparado para avanzar a buen ritmo, con la misma velocidad, si no más, que cualquier otro país desarrollado. Barcelona y Cataluña son ejemplos a seguir respecto a la importancia que desde la Administración pública e institucional se ha de dar a todo lo relacionado con la sociedad de la información. Iniciativas como el plan 22@, que transformará el Poble Nou en una zona residencial, comercial y económica basada en las tecnologías de la información, son modelos de planificación urbanística, con imperfecciones y lagunas, pero que se llevan a cabo desde una conciencia clara del momento en que nos encontramos y los retos que la sociedad debe asumir. La UOC es un ejemplo más de claridad de ideas al respecto. Su creación supuso una apuesta importante por las nuevas formas de educación que Internet hace posibles. Y la manera en que ha estimulado el avance en el mismo sentido de otras instituciones más tradicionales representa un servicio de gran valor social. En este momento la UOC cuenta con algunos de los investigadores de Internet, en sus diferentes aspectos tecnológicos y sociales, más importantes del mundo. No cabe sino augurar los mayores éxitos para esta andadura que inició hace pocos años y que la ha situado ya a la vanguardia de la formación e investigación basada en Internet. 

Dra. Elisa Urbano
Psicóloga, sexóloga y Terapeuta


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